20 de diciembre de 2009

Tomás

Sigo esperando la llamada sentado en la ventana de mi cuarto, la oscuridad es mi más ferviente seguidora y las sombras le dan la mano. Solo tengo constancia de una luz que puedo ver desde este portal y esta situada detrás del árbol. Justo en el momento que mis ideas se organizaban y dejaban un tenue pasillo para que el sueño pudiera volver, para amarrarlo con cadenas de plata y que nunca más se marchase; llamaron a la puerta.
-¿Puedes dormir?- el sobresalto se esfumó al escuchar la voz de mi madre al otro lado de la puerta.
- No, pasa estoy despierto- me limpié las lágrimas para que mi madre no se preocupase,¿para qué? si no había solución.
Sólo pude ver su silueta y me recuerdo las noches que me acunaba envuelto en la manta roja de cuadro para que pudiera dormir.
- ¿Necesitas algo?- su voz preocupada a la vez que triste penetró en mis tímpanos y me insufló una tranquilidad gaseosa que se escapó nada mas entrar.
- Me duele un poco la cabeza- le mentí- pero seguro que un té calentito no me vendrá nada mal.
Ella salió y cerró la puerta, a mis oídos llegaron un claro aunque silencioso llanto...