10 de enero de 2010

Lily

El sacerdote totalmente agotado sujetaba la calderilla casi vacía a la vez que gritaba una y otra vez palabras en latín inteligibles para los familiares de la joven Lily.
La pequeña de aspecto angelical levitaba sobre la cama, los pronunciados rizos casi blancos brincaban sin parar; se hubiera escapado por la ventana (que dejaron abierta para que la pequeña no prendiera en llamas) si no fuese por las cuatro esposas( que su padre, el Sheriff, había guardado desde que descubrieron cuatro meses atrás la nueva diversión de Lily) que la mantenían sujetada a la cama.
-Padre me hace cosquillas- la pequeña soltó una carcajada que produjo el llanto desconsolado de la madre- otra vez, otra vez- la voz era demasiado varonil aunque desmesuradamente inocente.
En tan solo un instante cambió la expresión, sus rasgos juveniles dejaron paso a unas facciones completamente horribles, aquella cara se semejaba más a una anciana de unos ochenta y pocos:
- Te veré pronto y el padre- la voz erizó a todos los que observan la escena y el llanto de la madre venció todos los sonidos que entraban en la estancia.
- ¡Vuelve al infierno!- el sacerdote vociferó mientras vertía el resto del agua bendita y entraba el aire frío por la nevada.
-lo dice como si fuese algo malo- la joven anciana volvió a la voz inocente aunque ronca- ¡Tengo sed!- terminó la frase en seco- ¿Alguien me trae un gato?- la ultima palabra la dijo como si de una orden se tratase, no paró de reír hasta que el sacerdote la miró inquisitoriamente-Vale, vale-la carcajada fue más profunda que las anteriores.
El sacerdote le puso la mano en la arrugada frente y gritando- ¡Sal de su cuerpo!- cayeron los dos haciendo una espiral y el joven corazón de la pequeña hizo un extraño silbido, los ojos buscaron a su madre, cuando la encontró se miraron con ternura y la pequeña, como si la llama de una vela se tratase, se fue apagando poco a poco hasta que la vida la abandono escapando por la ventana.